El peso de la idea detrás de un vino

por Natalia López Mota 

Prólogo de  la guía de vinos mexicanos: Artboden 2014

Copia del texto impreso en la Guía De Vinos Mexicanos, Artboden. 7ª Edición, 2014. Arturo Bodenstedt. 

El vino tiene la capacidad de hacernos viajar. Personalmente, sin dejar a un lado o subestimar la técnica, mido la verdadera calidad de un vino en que tan lejos me invita a viajar, en que tanto me emociona y me hace vibrar, algo que en cata definimos dentro del concepto de complejidad, pero que va un poco más allá del sólo término.

Hablamos aquí de la sinergia que nos brindan; la complejidad, la técnica y el equilibrio en un vino, y es que, a pesar de que la calidad pueda ser algo relativo por estar ligada al observador, estos tres puntos no lo son. Un vino puede gustarnos o no, pero la suma de estas tres cualidades nos revelan el valor más concreto del cual podemos partir para emitir un juicio de valor sobre él.

Es aquello que nos hace pensar en el vértice entre el arte y el vino, en lo que apreciamos en una obra de arte y lo que hace que el vino para muchos de nosotros sea considerado un arte en sí mismo. Aunque la ejecución con la que algo se crea sea impecable, si la intención de la que se parte es sencilla, la pieza será perfecta y sencilla a la vez, mientras que si la ejecución es impecable y la creación logra comunicar la profundidad de la idea de la que se parte, entonces esta pieza será verdaderamente sublime… y es aquí, en donde en gustos, personalidades y momentos para apreciar algo se rompen géneros. ¿A qué damos más valor: a la técnica o la idea que hay detrás? ¿Puede ser más valiosa una sin la otra? ¿Qué tanto puede llegar a expresar una técnica carente de idea, y hasta dónde puede llegar una idea sin técnica? ¿Cómo se conjuntan la técnica y la idea en presencia de armonía?

Cuando escuchamos que cada vino es único, no sólo es por el conjunto de variables que pueden determinar su carácter; variedades, suelo, clima y su savoir faire. Todos los vinos parten de una idea para ser creados, y aunque a veces menos evidente, podemos decir que esta idea se convierte en la espina dorsal que marca el camino de cada bodega para producir, abriéndonos así un abanico de estilos de producción, que nos brindará vinos universales, regionales, de terroir o de autor.

Y aunque todo esto parezca algo difícil de apreciar o leer en un vino, en realidad es mucho más simple de lo que creemos, tal como somos capaces de conectarnos con cualquier forma de arte y contextualizarla con su entorno, autor, técnica empleada e historia particular para apreciarla mejor y poder formular una opinión al respecto, justo así es el acercamiento que podemos tener con el vino. Antes que nada y lo más relevante, es conectarnos con lo que percibimos, y desde ese punto de partida será siempre valido emitir el juicio de valor que consideramos para lo que nos está comunicando ese vino, ponderando ahora sí, para cada uno de nosotros, el peso que tiene cada uno de los puntos que antes mencionamos.

Y es esta la relevancia de la extraordinaria labor que conlleva cada año la realización de esta guía Art Boden, Guía de Vinos Mexicanos. Un trabajo único en el que el reto, sesión a sesión de cata, es emitir un juicio de valor que retrate y a su vez valorice el trabajo de los productores, una tarea que requiere de un panel sensible, capaz de apreciar y balancear la intención con la que se crea, la técnica y la ejecución del creador, junto con la armonía alcanzada para brindar finalmente un perfil agradable, placentero o sublime. Un trabajo exhaustivo que nos nutre como pocos de información útil para que podamos navegar más cómodos, en la cada vez más basta e interesante escena del vino mexicano, de la que hoy día, podemos sentirnos cada más orgulloso y vale la pena explorar.

Guía de venta en: Gandhi, Sotano y Palacio de Hierro

 

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